jueves, 12 de enero de 2017

Julio Argentino Roca y la Gran Mentira Mapuche.-




Este paradigma de la Nación Argentina es denostado por una campaña intencional que pretende disolver los valores de la argentinidad. Lamentablemente la ignorancia histórica hace que muchos honestos ciudadanos se presten a colaborar con esta aviesa campaña.





El General Julio Argentino Roca

“Roca no encabezó una campaña privada en 1879. Fue como Comandante en Jefe del Ejército Nacional a cumplir la misión que Avellaneda, presidente de la Nación Argentina, elegido por el pueblo, le había asignado. Y esa campaña estuvo destinada a integrar, a incorporar de hecho a la geografía argentina, prácticamente la mitad de los territorios históricamente nuestros, y que estaban bajo el poder tiránico del malón araucano, cuyos frutos más notables eran el robo de ganado, de mujeres y la provocación de incendios.


Enciclopedia Salvat — Diccionario — Editado en Barcelona — 1972:
MAPUCHE: Adj.- Natural de Arauco — Perteneciente a esta Provincia de Chile.
Masculino — Idioma de los araucanos.
TEHUELCHE: Adj. y sust. — Dícese de un individuo de un pueblo amerindio cazador, que, con otros grupos integró la llamada “Cultura de las Pampas” en Argentina y Uruguay. Exterminados en gran parte por los conquistadores españoles y los araucanos quedan reducidos núcleos en Tierra del Fuego.

Los araucanos, hoy denominados mapuches, llegaron a la Argentina allá por 1830, cuando la Nación Argentina era ya independiente y soberana. Por lo tanto, fueron invasores. El primer grupo de invasores los constituyeron aproximadamente unos 100 indígenas capitaneados por Yanquetruz. Se afincaron en Neuquén y desde allí se fueron extendiendo hacia el sur y el norte.


El verdadero genocidio lo cometieron los araucanos cuando aniquilaron a los Guenaken, también llamados Tehuelches, que eran lo auténticos aborígenes de la Patagonia norte.

Actualmente como argentinos tienen todos los derechos al igual que los demás argentinos, pero no a intentar falsear la historia y pretender les devuelvan tierras que nunca les pertenecieron.”

1.- En 1879: el cacique Calfucurá había muerto años antes, dejando al mando a su hijo Manuel Namuncurá, como Cacique. El pedido antes de morir a su hijo fue: no dejar Carhué al “huinca” o sea al blanco. El camino de los chilenos, que asi se llamaba en aquellas épocas, bajaba desde la actual Córdoba y recorria todo el noroeste bonaerense donde habían pozos o lagunas de agua dulce que utilizaban para descansar de los malones y llevar las haciendas a Chile, previo dejar los cautivos en las tolderías. El Plan Alsina en 1876, fue cortarles esas aguadas, y la famosa Zanja o Paredón de Alsina, fue para que no pudieran pasar con lo robado facilmente.

El general Roca, cuando fue Ministro de Guerra, citó en Carhué en abril de 1879 a todos los oficiales de la nueva línea de Frontera (Zanja de Alsina) para organizar la marcha hacia el Río Negro. Las tropas de Villegas fueron a vanguardia y las primeras en clavar el Pabellon Nacional a orillas del citado Río. El general Roca venía a retaguardia.

Luego en Choele Choel, organizo a las tropas, nombrando Comandante en Jefe de la nueva Línea de Frontera Neuquén Rio Negro al entonces Coronel Conrado Villegas, luego General.

Y le encomendó toda la organización de la misma e incluso fundar ciudades, escuelas, etc.
El cerebro de esta Conquista al Desierto, fue en realidad el General Conrado Villegas, hombre que admiró Roca, y del cual fue su mejor amigo y camarada. Unos meses antes de terminar la campaña en 1883, Villegas muere a los 43 años en París, mandado por Roca para sanarlo y que luego tomara la Conquista del Chaco. Pero esto no pudo ser. En París dejó asombrados a los mejores médicos europeos que lo atendieron (tenía problemas de corazón, por el esfuerzo de tareas hechas), de haber sobrevivido a las 47 heridas de arma blanca que tenía su heroico cuerpo.

2.- Ambos bandos contaba con fusiles Remington. Los araucanos los traían de Chile, a donde se los vendían los ingleses a cambio del ganado argentino robado en los malones. Prueba de ello es que la columna del Ejército Nacional comandada por el Gral. Villegas tenía como objetivo clausurar y controlar los pasos andinos por donde les llegaban a los araucanos los Remington.


3.- Los indígenas araucanos eran tradicionalmente muy guerreros. Recordemos que en los primeros tiempos de la conquista española asolaron varias importantes ciudades en Chile que los chilenos tardaron siglos en reconquistar.

4.- Los araucanos, en el año 1250 subieron hacia el norte y destruyeron el Imperio de Tiahuanaco. Este Imperio era mayor y mucho más civilizado que el posterior imperio de los Incas que comenzó luego en el año 1280.


5.- El uso actual del término “mapuche” y las falsas reivindicaciones de estos son maniobras disolventes y disgregantes que practican políticos con minúscula en las últimas décadas con finalidades anti-nacionales, y para beneficio propio.

Malones : los salvajes ataques indios

Adolfo Alsina -ministro de Guerra- elaboró un plan en el cual proponía aumentar el área de poblamiento de las fronteras. En un informe enviado al Congreso en 1877, Alsina decía: “El plan del Poder Ejecutivo es contra el Desierto para poblarlo y no contra el indio para destruirlo”.

Las tierras que ocupaba Juan José Catriel con su tribu en las proximidades de Azul (provincia de Buenos Aires) eran muy buenas y los indígenas no las cultivaban.

Alsina quiso lograr por medio de acuerdos, que ellos se desplazaran hacia el oeste, donde se les organizaría militarmente como guardias nacionales a cambio de alimentación y vestuario. Se firmó un tratado con los indígenas de Azul a fines de 1875.

Como consecuencia muchos quedaron descontentos con las condiciones del acuerdo, entre ellos el hijo de Calfucurá, que organizó una sublevación general, contando con el apoyo de Catriel, Pincén y Baigorrita, y sus indígenas de pelea. Si bien Catriel había firmado el tratado con las tropas del gobierno, no tardó en ponerse del lado de Namuncurá -hijo de Calfucurá- y los malones se intensificaron.

En la tribu de Catriel se inició una sublevación y los otros caciques acudieron en su ayuda, formando una fuerza de alrededor de 4.000 lanceros. El frente de la invasión abarcó desde Tres Arroyos a Alvear. Los indígenas penetraron hasta las poblaciones y estancias de Azul, Tandil y Tapalqué.

Asesinaron a los soldados de los fortines sorprendidos, y a sus pobladores. Capturaron mujeres y niños, incendiaron poblaciones y viviendas, tomaron cautivos y arrearon la hacienda.

El 1° de enero de 1876 las tropas de los sectores sur y oeste, al mando del Teniente Coronel Lorenzo Winter, hallaron en la laguna de La Tigra -al sudoeste de Olavarría- la masa principal de las huestes de Namuncurá y Catriel. Los indígenas fueron derrotados y los sobrevivientes se alejaron dejando 70.000 vacunos, 30.000 yeguarizos y 40.000 lanares.


Fueron perseguidos más de 100 Km. El coronel Conrado E. Villegas salió del fuerte Lavalle en la región de Tapalqué y alcanzó al oeste de San Carlos, una partida de 200 indígenas, a los cuales se les arrebató por la fuerza el producto de los saqueos realizados.

Los indígenas resistieron a pie la fusilería y la artillería de los defensores y fueron diezmados. Se rehicieron y volvieron a atacar a las tropas de Dónovan, pero fueron rechazados una vez más. La operación más importante que se llevó a cabo fue la de la columna de las divisiones sur de la costa sur al mando del coronel Nicolás Levalle, que finalizó una semana más tarde en el triunfo de Lagunas Paragüi, a 80 Km. de Juárez.

Los indígenas pertenecientes a las tribus de Namuncurá, Catriel y Pincén sumaban alrededor de 3.000 y avanzaron sobre Juárez, Tres Arroyos y Necochea. Cerca del fortín Defensa, Lavalle les salió al encuentro y se trabaron en lucha cuerpo a cuerpo, y al arma blanca. El combate duró más de cinco horas, el día era nublado y al despejarse, se vio a los blancos rodeados por fuerzas numéricamente muy superiores y en una situación muy crítica.

Ésta fue salvada por la reserva de Lavalle, el regimiento de caballería al mando de Maldonado, que cargó sobre los indígenas diseminados por la lucha e hizo una gran matanza. Se salvaron los que huyeron, abandonando la hacienda robada.

Los bravos expedicionarios se convirtieron así en zapadores, al-bañiles o chacareros y soportaron con heroísmo los peligros y privaciones a que se vieron sometidos. El plan de Alsina fue, empero, criticado por quienes creían que la guerra “defensiva” no era la más acertada para combatir a los salvajes.

La Zanja de Alsina


Los malones arreciaron a comienzos de los años 70 del siglo XIX y en 1872 se efectuó la incursión más grande de todas. Ese año, Calfucurá, al frente de seis mil "indios de lanza" avanzó sobre los pueblos de General Alvear, 25 de Mayo y Nueve de Julio. Murieron más de 300 cristianos y se arrearon unas 200.000 cabezas de ganado. Aunque, en rigor, la pérdida de vidas humanas producida en el asalto a los caseríos era cruento resultado de una eficaz maniobra de distracción que obligaba a los soldados a atender la defensa de puntos fijos, en tanto los campos eran vaciados de animales: el horror del malón y su rosario de víctimas y cautivas era, en el fondo, mera escenografía del robo de animales que "el salvaje" luego vendía.

El propósito de la zanja era el de de facilitar la defensa de las tierras ubicadas dentro de la línea de frontera y procurar la defensa de los nuevas pobladores contra los ataques, cada vez más agresivos, de los aborígenes que ocupaban los territorios ubicados fuera de dicha línea. Estos habían venido siendo arrebatados a los pueblos ranqueles y pampas y a otras etnias originales autóctonas —con quienes por periodos intermitentes se habían logrado relaciones relativamente pacíficas— por inmigrantes mapuches o araucanos que, provenientes de Chile, produjeron su araucanización a través, primero, del saqueo de poblaciones aborígenes establecidas en relaciones más o menos pacíficas con los blancos, y, luego, de las poblaciones blancas o "huincas".


El doctor Adolfo Alsina, ministro de guerra y marina del presidente Nicolás Avellaneda, abordó la necesidad del estado argentino, sensible al pedido de colonos, estancieros y comerciantes, de separarse físicamente de las tierras pobladas por los indios que originaban malones -ataques que, infrecuentes al principio, se remontan a la época de la dominación de la corona española- creando una zanja o trinchera, para consolidar del lado del Estado argentino el dominio del territorio.

Había antecedentes de obras similares. Así, al norte de Santa Fe hubo, en cierta época y con igual intención, una "zanja de López". Adolfo Alsina, ministro de Guerra de Avellaneda, tomó de ahí la idea de su famosa zanja, ancha de tres metros y con dos de profundidad, medio metro en la estrechez de la base y bordeada por un terraplén de un metro de alto por unos cuatro de ancho. Se planeó guarnecer con ella todo el gran arco desde Bahía Blanca hasta Río Cuarto, pero sólo llegó a ser abierta en unos 400 y pico de kilómetros, desde Nueva Roma, sobre el Chasicó Chico, hasta Italó, en el extremo nordeste de la actual provincia de La Pampa. Esta era una de las comandancias de la frontera, junto con Trenque Lauquen, Guaminí, Carhué, Puán y Bahía Blanca. Se extendió hasta varias de ellas el telégrafo y fue desparramado, bajo su dependencia, un centenar de fortines con no más de unos diez hombres apostados en cada uno, acantonamientos circulares con su respectivo mangrullo o "vichadero". El francés Alfredo Ebelot dirigió la obra, en buena medida hecha por sufridos milicos.

Línea de fortines argentinos
El proyecto de Alsina, cuya función militar era la de retener territorio y conservar el dominio del estado nacional en ellas, no pretendía sumar nuevas tierras al dominio nacional argentino. Pero sí esperaba que cumpliera con una función eminentemente defensiva, deteniendo los permanentes ataques de los malones, y evitando los arreos de ganado que los indios arrebataban a las estancias y, llevándoselos por la ruta de la Rastrillada grande, vendían luego en su tierra de origen, Chile. La divisoria física pretendía terminar con esta transferencia de riqueza pecuaria del atlántica a la pacífica y con la carga de sus costos (pérdida de vidas humanas, gastos en defensa, despojo de riquezas consistentes en bienes de uso, y cautivación de mujeres que pasaban a servir económica y sexualmente como esclavas) que soportaban los pobladores de los pagos saqueados. Si bien la Zanja de Alsina no fue eficiente respecto a la entrada o salida de los indios montados, que la sorteaban desmontando y creando desde ambos lados derrumbes que proveían de cruce a las cabalgaduras, sí surtió efecto respecto a la merma de robo de ganado de los campos, toda vez que los indígenas se vieron obligados a abrir portillos en la zanja, que no se preveían suficientes para escapar con tropillas de vacunos y que, al huir, muchas veces no podían volver a utilizar porque debían tomar otro camino. La obligada tarea les demandaba una pérdida de tiempo suficiente como para que las tropas los alcanzaran y evitaran el cruce de los arreos. La motivación del saqueo se redujo así a los otros resultados del mismo.

La Zanja de Alsina marcó una nueva fase de la ampliación hacia el sur de las fronteras efectivamente ocupadas por el estado argentino. Sin embargo su estrategia eminentemente defensiva no fue útil para proteger y resistir los ataques indios por lo que -fallecido su creador-, en 1877.

La Zanja de Alsina no podía evitar el paso de los indios, pero apuntaba a demorar el del ganado y a dar, por lo tanto, tiempo a las partidas para hacerse presentes y recuperar los animales. De hecho, hubo después incursiones minúsculas.


La zanja se construyó entre 1876 y 1877 y hacia esa época los malones terminaban, en parte debido a esa obra aparatosa y también por la aparición del Remington de retrocarga, que ponía a las indiadas en franca inferioridad combativa. Pero hay de por medio un hecho más importante: era claro que tender esa línea protectora equivalía a renunciar -así fuera de modo transitorio- a seguir el avance en el territorio. Sabido es que el general Roca se oponía de plano a ese parecer y que no bien la muerte de Alsina lo convirtió en nuevo ministro de Guerra, volcó toda su influencia en favor de una gran batida para expulsar a los aborígenes hasta más allá del río Negro.

Araucanos y Tehuelches
Los mapuches son sólo ORIGINARIOS de la inventiva del Foreign Office británico.

Ni Rosas o Roca los mencionan en la Campaña al Desierto, tampoco los historiadores, ni la famosa expedición a los Indios Ranqueles. Tampoco los menciona la historia oficial en las Provincias ni Museos de Historia del Neuquén Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Mendoza, ni San Juan…

¿Desde cuándo han aparecido estos mapuches en escena? Su propia bandera es similar a la nueva Sud Africana, luego del apartheid utilizaron a Mandela, y ahora desean utilizar a un pueblo que no es originario de nada, sólo Tehuelches y Araucanos lo son.


Quede en claro que la expedición de Roca, resultó la primer guerra contra Chile y no una campaña contra el indio, como muchos pretenden hacerlo notar. A las pruebas me remito cuando sostengo que por entonces el 90% de la población chilena era indígena, que no es cosa menor. En síntesis, nuestro país defendía la soberanía sobre una Patagonia que los caciques deseaban y ellos… eran chilenos.

Hoy todos los nacidos en el suelo patrio somos ARGENTINOS, y ya no caben falsas reivindicaciones indigenistas ni de pueblos originarios inexistentes. Desde comienzos del siglo XVI está presente la sangre hispana en todo el suelo argentino y los pueblos originarios de la Patagonia anteriores a esa fecha fueron las etnias TEHUELCHES.

Toldos Tehuelches
El invento “mapuche” data sólo del siglo XIX, insisto que hoy todos somos argentinos y nadie tiene ningún derecho a reivindicar etnias ni pueblos diferentes al argentino so pena de colaborar con los intentos Ingleses, Norteamericanos e Israelitas para desmembrar y despotenciar a la Patria Argentina.

Este tema mapuche y su propaganda instalada por agrupaciones de izquierda y populistas han hecho del indigenismo una cuestión de estado, es preciso comenzar a desbaratarla de raíz. Lamentablemente no sólo los políticos venales y periodistas pagados por el sistema, sirven de difusores de una mentira infame, sino que han caído en ella y no siempre por ingenuidad.

Obispos y Curas que fieles a sus posturas tercermundistas, impulsan como verdad de Perogrullo, dando así por sentadas todas y cada una de esas falacias.

Se llegó al extremo inconcebible de engañar al Santo Padre Juan Pablo II y ahora al Papa Benedicto XVI cuando les hicieron decir que el gran santo Ceferino era Mapuche y no Tehuelche. Es difícil creer en la inocencia por desconocimiento de los Obispos patagónicos en esta maniobra vil, porque es dable suponer que si han llegado a esas instancias de la jerarquía, deben poseer una cultura general histórica de su patria compatible con su rango.


http://www.lahistoriaparalela.com.ar/

3 comentarios:

  1. Todo ésto es una realidad; realmente fueron invasores en el territorio argentino en 1830. En ese momento se dedicaban a "asaltar" estancias y robar mujeres.

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  2. datos muy buenos, realidad importante, que muchos la ignoran.

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  3. coincido....!!! me quiero suscribir....!!!

    jorgebeauverger@fibertel.com.ar

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