domingo, 1 de septiembre de 2013

¿QUÉ ES EL PRINCIPIO OPH?

La propuesta entra de lleno en un aspecto esencial para todo empresario: su calidad de vida en el trabajo. La idea es hacerlo a través de analizar y clasificar la reacción o estado de abordaje de cada problema o cuestión a resolver en el día a día gerencial, es decir, clasificar el estado en que se manejan las situaciones empresarias-
Suena difícil, pero no lo es tanto. Sucede que cada vez que un problema se presenta motiva distintas reacciones o estados en quien resuelve. Pueden identificarse como: “Ocuparse”, “Preocuparse” o “Hacerse mala sangre”.  Cada uno condiciona la efectividad para resolver y a su vez lo más importante: la calidad de vida en el trabajo de quien lo hace.-

Veamos de qué se trata:
* Ocuparse (estado O) es encarar el problema sin afectaciones personales y con ánimo de solucionarlo.  Esto es dedicarle el tiempo y la energía necesarias a tal fin. Es sencillo identificar esta reacción, ya que cuando se presenta automáticamente se hacen cosas para resolver sin que eso modifique ánimos ni comportamientos.  Aquí preferentemente son las razones las que se imponen. Es la reacción más adecuada para resolver más y mejor, y a la vez la más difícil de lograr.-
* Preocuparse (estado P) es ocuparse pero con una carga emotiva superior, a tal punto que la cuestión toma mayor importancia que cualquier otra. La preocupación lleva a una clasificación natural del problema, lo diferencia en nivel de importancia y lo hace más presente. Generalmente la preocupación existe mientras no se encontró la solución o aún no se sabe “como resolverlo”.  La preocupación bien entendida es buena a los efectos de resolver más y mejor, siempre y cuando no lleve a un estado de sufrimiento (no dormir, trastornos de ánimo, digestivos, etc.), momento en el cual  ya se puede decir que dejo de ser una preocupación para pasar al siguiente estado: el estado H.-
* Hacerse mala sangre (estado H) es dejar que el problema invada y afecte al empresario de manera negativa respecto de su bienestar y su salud. Es cuando se reacciona con agresiones o desánimos pronunciados. Cuando eso sucede en realidad significa que el problema superó a quien debe resolverlo. Las capacidades empresarias se ven afectadas y disminuidas y las emociones y pasiones toman el control dejando de lado a la razón, única aliada de las soluciones efectivas.  Las probabilidades de error allí tienden a infinito, al igual que los costos adicionales de cada acción resuelta en ese estado.-
La línea que separa los tres estados es muy delgada y por lo tanto hay que prestar mucha atención para identificar en cual de los tres se encuentra el empresario ante cada problema a resolver.-
Lo más importante es tomar conciencia de que es posible decidir en cual estado se quiere ubicar a cada cuestión evitando por todos los medios el “estado H”, ya que es negativo e improductivo en todo sentido.-
Una pregunta adecuada para ayudar a lograrlo sería: ¿yo manejo al problema o el problema me maneja a mí? Se puede afirmar que en los estados O y P uno maneja al problema, mientras que en el estado H el que decide ha perdido el control de la cuestión.-
En el caso llegar al “estado  H” se recomienda abrir la cuestión buscando asesoramiento o directamente derivar el problema a quien pueda resolverlo, en líneas generales a profesionales externos que no estén afectados por las cuestiones emotivas propias de la organización. También ayuda recordar la siguiente máxima: “Ninguna cuestión empresaria justifica hacerse mala sangre”.
En definitiva, será un gran paso identificar cual estado empresario ( O P H ) es el que corresponde a cada problema y actuar en consecuencia, teniendo en cuenta que el objetivo primario es resolver, pero el de máxima es mantener una buena calidad de vida de quien resuelve, lo que directamente se asocia a paz, tranquilidad y disfrute de los logros.-
Si lo anterior se realiza adecuadamente se obtendrá sin dudas un crecimiento gerencial muy importante y con ello una empresa más competitiva.-
Vía:  Néstor Setzes


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