jueves, 13 de octubre de 2011

FLOR CRIOLLA.-




Entre verdes chañarales,
piquillines y brusquillas,
caldenes, jumes, jarillas
y muchos algarrobales.
Donde cantan los zorzales,
las calandrias y el jilguero,
donde anida el teru-teru
y otras mil aves canoras,
tranquilo vive sus horas
el gaucho Braulio Lucero.

Es un rancho pobretón
que sostienen cuatro estacas,
varias cabezas de vaca
que hacen círculo a un fogón.
Una yerbera, un porrón,
un mate y un asador,
un candil algo humeador
y en un cuerno de venao,
un ñandú recién boleao
con una picana flor.



De puerta un cuero estaqueao,
con el hollejo pa’juera,
sujeto a un marco ‘e madera
perfectamente clavao.
Tras de la puerta colgao,
un mate y un maneador,
un lazo, que es lo mejor
que se conoce en la zona,
se parece a una bordona:
delgadito y zumbador.

Una tropilla entablada
fiel al tin tin del cencerro,
varias ovejas, un perro,
diez chivos y una manada.
Una guitarra empolvada
que tiene en el clavijero,
de azul y blanco un letrero,
bordado en cintas muy finas,
que dice: “Juana Medina,
pa’l gaucho Braulio Lucero”.

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