jueves, 18 de agosto de 2011

Navegante solitaria de 66 años cruzó el Atlántico.-

Con una botella de champán Aurora Canessa festejó su llegada a la Marina Cascais, Portugal, después de dos meses de travesía. Con temple de acero, mucha meditación y varios golpes, esta mujer de 66 años logró cumplir su sueño de cruzar el océano Atlántico en solitario en su velero de nombre Shipping.-

Cuando finalmente llegó al puerto, la esperaba Rui Pinto, el director de la Marina. El hombre la abrazó, la felicitó por su osadía, le dio la bienvenida.-

“Queridos amigos … con la inmensa felicidad que me da haber podido realizar mi sueño loco que fue … atravesar el Océano Atlántico sola … es que quiero compartir con ustedes la llegada a este puerto de Portugal … la Marina de Cascais … Marcelo Gonzáles, amigo querido y tan valioso … se comunicó con la marina hace días avisando de mi llegada y pidiendo asistencia para tomar amarras … haber pasado por los momentos durísimos que pasamos con … mi barquito … al cual amo … y que nos reciban con tanto cariño y calor humano … es un sentimiento muy fuerte que me conmovió y sigue conmoviéndome ”, escribió Aurora Canessa en su diario de viaje que, cual bitácora, fue registrando cada una de sus emociones desde que zarpó de la isla caribeña de Saint Maarten el 2 de mayo de 2011.-

Luego hizo escalas por unos días en las islas Bermudas, donde la recibió un grupo de argentinos residentes, y en las Azores. Esta última etapa le costó, le pesó, su cuerpo ya no daba más. Admitió, en términos náuticos, que había perdido las fuerzas y el espíritu del viaje, “el son de mar”. Y eso que Aurora no es ninguna improvisada: navega hace casi 30 años y en 2005 ganó las 500 Millas del Río de la Plata, una regata dura y exigente.-

Entonces ahora, que pisó tierra firme, se da el gusto de hablar de tapas, de vino de oporto, de camarones gigantes al ajo, de cervezas, caipirinhas. Hay que entenderla, no sólo tuvo que mantenerse abstemia para no perder nunca el control, sino que estuvo dos meses comiendo mal, salteado y poco.-

En su cruce enfrentó días de tormenta en los que sólo atinó a tragar semillas y frutas secas. Durmió de a ratos, con un colchón que tiró en el piso, y en el que también meditó, pensó, respiró. Leyó mucho. Se llenó de moretones por las olas que sacudían su velero, repleto de bidones. Tiene, y muestra con cierto orgullo, fotos de barcos que se le venían encima. Pero llegó.-

Ahora agradece a sus padres, a los que la protegieron, al barco. Dice Aurora que quienes la recibieron y vieron en las condiciones en las que quedó el velero le aseguraron que ocurrió un milagro y que sin dudas recibió protección “de arriba” (es que llegó con el motor completamente suelto), “y gracias a la vida que me ha dado tanto… gracias por el amor de todos y gracias por el amor del hombre que me espera…”.-

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